Viajar sola por Holanda y Bélgica en una semana

Por PASAJERAS VIAJERAS3 min de lecturaActualizado el 28 de agosto de 2026
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Una mujer en bicicleta cruzando un puente sobre un canal en el barrio de Jordaan en Ámsterdam

Holanda y Bélgica son, junto con los países escandinavos, de los destinos donde menos tiene que pensar en seguridad una mujer que viaja sola: lo complicado de esta ruta no es sentirte segura, sino decidir en qué ciudad quedarte más tiempo, porque todas invitan a alargar la estancia.

Lo que hace especialmente cómoda esta combinación es la red de trenes: la NS holandesa y la SNCB belga son puntuales, frecuentes y conectan las ciudades principales en menos de una hora y media, así que una semana da perfectamente para recorrer cinco o seis ciudades sin necesidad de coche ni de planificar traslados complicados.

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Ámsterdam y Utrecht, los primeros días

Ámsterdam suele llevarse tres o cuatro días de la ruta. El barrio de Jordaan, con sus canales más pequeños y menos turísticos, es ideal para alojarte: tranquilo, con cafés de barrio y sin la masificación del centro. De Pijp, algo más al sur, tiene el mercado de Albert Cuyp y un ambiente joven muy agradable para cenar sola.

La zona de De Wallen, el famoso barrio rojo, se visita sin problema incluso de noche: está bien iluminada y muy vigilada, aunque conviene ser consciente de que es una zona muy concurrida por turistas y por tanto un objetivo habitual de carteristas, así que el bolso cerrado y delante del cuerpo es la norma. Alquilar una bici (la forma de moverse por excelencia en la ciudad) es tan sencillo como seguro; simplemente presta atención a los carriles bici, que tienen tanto tráfico como una calle normal.

Utrecht, a 25 minutos en tren, sorprende a quien espera una Ámsterdam en pequeño: tiene canales de dos niveles (con bares y terrazas en el nivel inferior, junto al agua), una torre altísima, la Dom, y un ambiente universitario relajado que se disfruta mucho caminando sin rumbo una tarde entera.

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Rotterdam y el salto a Bélgica

Rotterdam, reconstruida casi por completo tras la Segunda Guerra Mundial, es la cara arquitectónica moderna de Holanda: el Mercado (Markthal), las casas cubo y el puente Erasmus merecen medio día antes de cruzar la frontera hacia Bélgica en un trayecto de tren de poco más de una hora.

Amberes es una buena primera parada belga, conocida por los diamantes y por una escena de moda y diseño interesante en el barrio de Het Zuid; y desde ahí, Gante y Brujas quedan a un salto corto. Brujas es diminuta y extremadamente segura, perfecta para perderse a pie entre canales sin ningún tipo de alerta, aunque en temporada alta se llena de grupos de turistas de día. Gante, menos fotografiada pero igual de bonita, tiene un ambiente estudiantil más auténtico y precios más bajos para comer y dormir.

Bruselas para cerrar la semana

Bruselas se lleva los últimos dos días. La Grand Place de noche, iluminada, es un espectáculo que se puede disfrutar sola sin ningún reparo, igual que el barrio de Sablon, con sus tiendas de chocolate y anticuarios, o Ixelles, con ambiente universitario y buena oferta de restaurantes.

La única zona donde conviene ir con algo más de atención, sobre todo de noche, es el entorno inmediato de la estación de Bruselas-Mediodía (Gare du Midi): es un nudo de transporte con menos ambiente y algo de percepción de inseguridad, así que si llegas tarde, lo más cómodo es coger un taxi o transporte directo hasta el alojamiento en vez de caminar con la maleta.

Para moverte entre las dos capitales y las ciudades intermedias, el Eurostar o el Thalys unen Ámsterdam y Bruselas en poco menos de tres horas, y comprando los billetes de tren regional con antelación en las webs de NS y SNCB el gasto total de la semana en transporte se queda muy por debajo de lo que costaría alquilar un coche.

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Redacción de Pasajeras — contenido revisado y actualizado periódicamente.

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