Viajar sola por Camboya, más allá de Angkor

Por PASAJERAS VIAJERAS5 min de lecturaActualizado el 28 de agosto de 2026
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Una viajera contempla en solitario las torres de piedra de un templo de Angkor entre la selva al amanecer

Casi todo el mundo que viaja a Camboya lo hace por un motivo: Angkor. Y con razón, porque el complejo de templos de Siem Reap es de esas cosas que superan la expectativa incluso después de ver mil fotos. Pero reducir Camboya a Angkor es quedarse con una fracción pequeña de un país que tiene una historia reciente durísima, una costa poco explotada turísticamente y una calidez humana que sorprende a cualquiera que dedique tiempo a mirar más allá de los templos.

Siem Reap y Angkor: cómo hacerlo bien

Siem Reap en sí es una ciudad pequeña y manejable, con Pub Street y el mercado nocturno como zona turística concentrada, perfectamente segura para pasear de noche entre restaurantes y bares con música en vivo. La mayoría de alojamientos están a poca distancia caminando o en tuk-tuk de esta zona central.

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Para los templos, contratar un tuk-tuk para todo el día (algo que se organiza fácilmente a través del hotel o directamente en la calle, con precios muy estandarizados) es la forma más habitual de moverse, y el conductor suele convertirse en una especie de guía informal que te espera en cada parada, algo que da mucha tranquilidad si viajas sola. Levantarte antes del amanecer para ver salir el sol sobre Angkor Wat es un cliché por buena razón, pero si prefieres evitar la multitud de esa hora, el amanecer en Sra Srang o el atardecer en Phnom Bakheng ofrecen una experiencia parecida con mucha menos gente.

Contratar una guía certificada (hay bastantes mujeres guías en Siem Reap, y pedir una específicamente es tan sencillo como solicitarlo al organizar el tour) añade una capa de contexto histórico al complejo —que abarca desde el siglo IX hasta el XV, mucho más que el famoso Angkor Wat— y hace que la visita se sienta menos como una carrera de fotos y más como una inmersión real.

Phnom Penh y la historia reciente del país

Phnom Penh es una ciudad que exige un ánimo distinto al de Siem Reap: el Museo del Genocidio de Tuol Sleng (la antigua prisión S-21 del régimen de los Jemeres Rojos) y los Campos de la Muerte de Choeung Ek son visitas necesarias para entender el país, pero son emocionalmente intensas, así que resérvalas para un día en el que no tengas prisa después y puedas procesar lo que has visto con calma, quizás con un paseo tranquilo junto al río Tonlé Sap por la tarde.

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El barrio de BKK1 (Boeung Keng Kang 1) es la zona más cómoda y segura para alojarse, con cafés modernos, buena oferta gastronómica y cercanía a las principales embajadas, lo cual suele traducirse en calles más cuidadas y vigiladas. El Palacio Real y el mercado central (con su llamativa cúpula art déco de los años 30) se visitan bien de día caminando o en tuk-tuk corto.

El tráfico de Phnom Penh es más caótico que el de Siem Reap, y de noche conviene moverse en tuk-tuk o en la app PassApp (el equivalente local a Grab, muy usado en Camboya) en vez de caminar largas distancias por avenidas poco iluminadas.

Más allá: Kep, Battambang y el lago Tonlé Sap

La costa sur de Camboya, especialmente Kep, es uno de los secretos mejor guardados del sudeste asiático: un pueblo de pescadores pequeño y tranquilo, famoso por su mercado de cangrejos junto al mar, con un ritmo de vida que contrasta totalmente con el bullicio de Siem Reap. Es zona muy segura, ideal para desconectar unos días antes o después de la parte más intensa del viaje, y se llega fácilmente en autobús desde Phnom Penh en unas tres horas.

Battambang, la segunda ciudad del país, tiene un encanto colonial francés y es famosa por el "bamboo train" (norry), unas plataformas de bambú sobre raíles antiguos que recorren el campo a toda velocidad, una experiencia tan peculiar como divertida y perfectamente segura para hacer sola o con el pequeño grupo que suele formarse en el punto de salida.

Una visita al lago Tonlé Sap, el lago más grande del sudeste asiático, y sus pueblos flotantes (Kompong Phluk es de los más auténticos, menos comercializado que Chong Khneas) se hace en excursión de medio día desde Siem Reap, y es fascinante ver cómo comunidades enteras viven sobre el agua, con casas, escuelas y templos flotantes que suben y bajan varios metros según la temporada de lluvias.

La seguridad general en Camboya para una viajera sola es buena, con criminalidad violenta baja hacia turistas; el mayor cuidado real hay que tenerlo con el tráfico (cruzar calles y motos) y con las estafas menores típicas de zonas turísticas (precios inflados sin acuerdo previo, tuk-tuks que insisten en llevarte a tiendas concretas a cambio de comisión), nada que no se resuelva acordando precios de antemano y siendo firme y educada al declinar.

El dólar estadounidense se usa indistintamente junto al riel camboyano en casi todo el país, lo cual simplifica bastante la gestión del dinero en efectivo; lleva billetes pequeños y en buen estado, porque muchos comercios rechazan billetes rotos o muy desgastados, una peculiaridad local que sorprende a más de una viajera la primera vez.

Camboya recompensa a quien se toma su tiempo más allá de la lista de fotos de Angkor: entre templos milenarios, historia reciente dolorosa pero necesaria de conocer, y una costa todavía tranquila lejos de las masas, es un país que deja una huella distinta a la de sus vecinos más visitados, Tailandia y Vietnam.

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Redacción de Pasajeras — contenido revisado y actualizado periódicamente.

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