Ruta de 15 días por Marruecos viajando sola: Itinerario y presupuesto

La primera pregunta que me hizo todo el mundo cuando conté que iba a recorrer Marruecos sola quince días fue la misma: «¿pero tú sola, por el desierto?». Y sí, sola, y ha sido uno de los viajes que más orgullosa me ha hecho sentir al volver. Marruecos no es un destino sencillo para una mujer que viaja en solitario, no voy a venderte lo contrario, pero con la preparación adecuada se convierte en una experiencia intensísima de colores, olores y hospitalidad que no se parece a nada que hayas vivido en Europa. Esta ruta de 15 días por Marruecos viajando sola es la que hice yo, combinando ciudades imperiales, desierto y costa atlántica.
Estructuré el viaje en cuatro bloques que encajan de forma natural en el mapa: Marrakech como puerta de entrada y salida, una excursión de varios días hacia el desierto del Sahara por Ait Ben Haddou y las gargantas del Dades, la ciudad de Fez con su medina medieval, y un cierre relajado en la costa de Essaouira antes de volver a Marrakech, con una escapada a la ciudad azul de Chefchaouen en medio. Es una ruta que exige algo de logística porque las distancias entre ciudades son largas, pero que se resuelve bien combinando trenes, buses CTM y algún traslado privado compartido con otros viajeros.
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La mejor época para esta ruta por Marruecos viajando sola es primavera (marzo-mayo) u otoño (septiembre-octubre): en verano las temperaturas en Marrakech y el desierto superan con facilidad los 40 grados, y en pleno invierno las noches en el Sahara bajan a cero o menos. Yo viajé en abril y el clima fue prácticamente perfecto, salvo un par de tardes de viento en el desierto.

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Esa mochila de cabina fue mi gran aliada en los traslados por pistas de tierra hacia el desierto, donde subir y bajar maletas grandes de furgonetas compartidas se convierte en un incordio constante.
Itinerario día a día por Marruecos en 15 días
Días 1-4: Marrakech y el Atlas
Llegué a Marrakech y me alojé en un riad dentro de la medina, cerca de la plaza Jemaa el-Fna, con una anfitriona que me dio el primer aviso útil del viaje: nunca aceptar ayuda no pedida de nadie que se ofrezca a «guiarte» por el laberinto de calles, por muy amable que parezca. Los dos primeros días los dediqué a perderme (literalmente) por los zocos, visitar el Palacio Bahía, los Jardines Majorelle (reserva entrada online para evitar la cola bajo el sol) y la Medersa Ben Youssef. Cada noche volvía a Jemaa el-Fna al atardecer, cuando se llena de puestos de comida, encantadores de serpientes y música, un espectáculo que hay que ver aunque sea desde la terraza de un café para evitar el acoso de los vendedores más insistentes. El día 3 hice una excursión de un día al Valle del Ourika, en el Atlas, con paseo hasta unas cascadas y comida en casa de una familia bereber; el día 4 lo dejé de margen para un hammam tradicional, una experiencia que recomiendo muchísimo como forma de descansar del ritmo intenso de la medina.
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Días 5-9: Ruta al desierto por Ait Ben Haddou y Merzouga
Reservé una excursión organizada de tres días y dos noches desde Marrakech hasta las dunas de Merzouga, la opción que recomiendo sin dudarlo a cualquier mujer que viaje sola porque incluye conductor, alojamientos y todas las comidas, y el grupo (entre 6 y 16 personas según la agencia) hace que nunca te sientas expuesta. El primer día cruzamos el puerto de montaña de Tizi n'Tichka y paramos en Ait Ben Haddou, el pueblo fortificado de adobe declarado Patrimonio de la Humanidad y escenario de series y películas; dormimos en Ouarzazate. El segundo día recorrimos las gargantas del Dades y del Todra, con paradas para caminar entre paredes de roca rojiza impresionantes, hasta llegar a Merzouga al atardecer para montar en dromedario hacia el campamento en las dunas de Erg Chebbi. Dormir en una jaima con el cielo del Sahara sin ninguna contaminación lumínica fue, sin exagerar, de los momentos más bonitos de todo el viaje. El tercer día volvimos hacia Marrakech por una ruta distinta, cruzando el valle del Draa y sus palmerales.
Días 10-15: Fez, Chefchaouen y Essaouira
Desde Marrakech tomé un vuelo interno corto a Fez (también se puede hacer en tren nocturno vía Casablanca, más largo pero más barato) para explorar la medina medieval más grande del mundo, Fes el-Bali, un laberinto de más de nueve mil callejones donde contraté un guía oficial para el primer día, algo que aquí sí recomiendo porque perderse en Fez es mucho más complicado que en Marrakech. Vi las curtidurías de Chouara, la Universidad de Al-Qarawiyyin y compré cerámica en el barrio de los alfareros. Desde Fez cogí un bus CTM de unas cuatro horas hasta Chefchaouen, la ciudad azul en las montañas del Rif, donde pasé dos noches paseando sin rumbo por sus calles pintadas de añil, la actividad más fotogénica y relajante de todo el viaje. Cerré la ruta con un traslado largo (unas seis horas) hasta Essaouira, en la costa atlántica, donde descansé tres días entre su medina amurallada, el puerto pesquero y la playa, mucho más tranquila que Marrakech y perfecta para el aterrizaje suave antes de volar de vuelta desde el aeropuerto de Marrakech (hora y media por carretera desde Essaouira). Essaouira tiene un ambiente muy distinto al resto del país: el viento constante atrae a surfistas y practicantes de kitesurf, las gaviotas sobrevuelan el puerto pesquero al atardecer, y las murallas portuguesas del siglo XVIII regalan algunas de las mejores puestas de sol de todo el viaje. Aproveché para comprar artesanía de madera de thuya, típica de la zona, y para comer pescado a la parrilla directamente en los puestos del puerto, mucho más barato y fresco que en cualquier restaurante de Marrakech.
Presupuesto orientativo para 15 días en Marruecos
Marruecos es uno de los destinos más económicos de esta lista. Una habitación en riad con encanto cuesta entre 15 y 30 euros por noche, y un dormitorio compartido en hostel ronda los 10-15 euros. Comer un tajín o un cuscús en un restaurante sencillo cuesta entre 4 y 7 euros, y un té a la menta apenas 1-2 euros en cualquier terraza. La excursión organizada de 3 días y 2 noches al desierto, con pensión completa, transporte y noche en jaima incluida, cuesta entre 90 y 150 euros según la agencia y el tamaño del grupo. Los trayectos en bus CTM entre ciudades rondan los 8-15 euros, y el vuelo interno Marrakech-Fez suele salir por 30-50 euros si se reserva con antelación. Sumando alojamiento, comidas, la excursión al desierto, transporte interno y alguna entrada a monumentos, el presupuesto total para los 15 días estuvo en torno a los 650-800 euros, sin contar el vuelo internacional, lo que convierte a Marruecos en una opción estupenda si el dinero es una limitación importante para viajar sola.
Cómo moverte por el país
Para moverme entre ciudades usé sobre todo los buses CTM y Supratours, las dos compañías más fiables, con asientos numerados y buen mantenimiento; evité los buses locales sin marca por comodidad y seguridad. Entre Casablanca, Rabat, Fez y Marrakech también existe una red de trenes cómoda y puntual gestionada por ONCF, con vagones de primera clase muy asequibles. Para la excursión al desierto lo más práctico es contratar un tour organizado con conductor, ya que conducir por cuenta propia por las carreteras de montaña del Atlas no es recomendable para quien no esté muy familiarizada con ese tipo de vías. Dentro de las medinas, todo se hace a pie, y los taxis petit (pequeños, de color según la ciudad) son baratos para trayectos cortos, aunque conviene acordar el precio antes de subir o insistir en que pongan el taxímetro.
Zonas y alojamiento recomendados
En Marrakech, alojarse en un riad dentro de la medina, cerca de Jemaa el-Fna o del barrio de Kasbah, da el ambiente más auténtico, aunque si prefieres algo más tranquilo y moderno, el barrio de Gueliz ofrece calles más anchas y una vida nocturna más occidental. En Fez, la medina de Fes el-Bali concentra los mejores riads con encanto, aunque recomiendo llegar de día porque de noche es fácil perderse en sus calles sin nombre. En Chefchaouen, cualquier alojamiento en el casco antiguo azul está a un paseo de todo lo interesante. En Essaouira, la medina junto al puerto es la zona con más ambiente y seguridad para pasear de noche. En todos los casos, elegí riads con buenas valoraciones específicas de viajeras solas y, siempre que pude, pedí que alguien de la casa me acompañara a la entrada del riad la primera noche, ya que muchos están escondidos en callejones sin nombre visible.
Viajar sola por Marruecos: seguridad y consejos prácticos
Marruecos exige más atención que la mayoría de destinos de esta lista. El acoso verbal hacia mujeres solas (piropos insistentes, hombres que se ofrecen como guía sin haberlo pedido) es habitual, especialmente en las medinas de Marrakech y Fez, y aunque casi nunca pasa de ahí, resulta agotador. Lo que mejor me funcionó fue vestir con ropa que cubriera hombros y rodillas en todo momento, caminar con paso decidido y sin mirar el móvil constantemente, y responder a los comentarios con un «no, gracias» firme sin entrar a conversación. Llevar un pañuelo para cubrir la cabeza en mezquitas o zonas más conservadoras también ayuda a pasar más desapercibida. En los zocos, el regateo es la norma: empieza ofreciendo entre un tercio y la mitad del precio inicial y negocia con buen humor. Evité caminar sola por callejones de la medina después de las diez de la noche, y para los trayectos nocturnos usé siempre taxis contratados desde el riad en vez de coger uno en la calle. Otro consejo que me dieron y que funcionó de maravilla: si un vendedor insiste demasiado, decir que ya tienes marido esperando en el riad corta la conversación mucho más rápido que explicar que viajas sola, por muy injusto que sea tener que recurrir a esa mentira.
Entre el trekking en el Atlas, las noches de acampada en el desierto y la posibilidad de algún problema estomacal por el cambio de dieta, viajar con un seguro que cubra bien la asistencia médica es especialmente importante en Marruecos, donde la sanidad privada de calidad se concentra en Marrakech, Fez y Casablanca y puede resultar cara sin cobertura.
Qué llevar en la maleta
- Ropa holgada de manga larga y pantalones o faldas por debajo de la rodilla, tanto por respeto cultural como para evitar miradas.
- Un pañuelo grande y versátil, útil como fular, protección del sol en el desierto o cobertura de cabeza en mezquitas.
- Chaqueta de abrigo para las noches en el desierto, donde la temperatura cae en picado aunque de día haga calor.
- Protector solar de factor alto y gafas de sol, imprescindibles tanto en el desierto como en la costa de Essaouira.
- Gel hidroalcohólico y algún medicamento básico para el estómago, por si el cambio de dieta pasa factura los primeros días.
- Adaptador de enchufe tipo C o E (el mismo que en la Europa continental).
Reduje el equipaje a la mochila de cabina que ya he mencionado, algo que agradecí enormemente al subir y bajar de furgonetas 4x4 en las pistas de tierra hacia el desierto, donde el espacio para maletas grandes es limitado.
Mi conclusión
Marruecos viajando sola me dejó agotada y fascinada a partes iguales: es un país que te exige estar alerta de una forma en la que Europa no te exige, pero que a cambio te regala paisajes y momentos (la noche en las dunas del Sahara, sobre todo) que no se olvidan jamás. Si tuviera que repetir, dedicaría un día más a Chefchaouen, que fue la pausa que más necesitaba después del ritmo de Marrakech y el desierto. No lo recomendaría como primer viaje en solitario para quien nunca ha viajado sola, pero si ya tienes algo de experiencia y te apetece un reto, Marruecos te va a sorprender para bien mucho más de lo que esperas.
Si te queda alguna duda sobre la excursión al desierto o sobre cómo gestionar el acoso en los zocos, escríbeme sin problema; es la parte del viaje sobre la que más preguntas me hacen otras chicas. Y si te decides, prepárate para volver con la piel llena de arena del Sahara y la sensación de haber hecho algo que muy pocas se atreven a hacer solas.
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PASAJERAS VIAJERAS
Redacción de Pasajeras — contenido revisado y actualizado periódicamente.
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