Ruta de 15 días por Irlanda viajando sola: Itinerario y presupuesto

Por PASAJERAS VIAJERAS11 min de lecturaActualizado el 28 de agosto de 2026
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Mujer viajera sola frente a los acantilados de Moher en Irlanda con el mar de fondo

Recuerdo perfectamente el momento en que reservé el vuelo a Dublín sin tener a nadie con quien contar los días. Una amiga me dijo «¿tú sola, con la lluvia que hace allí?», y la verdad es que esa lluvia terminó siendo la menor de mis preocupaciones: Irlanda resultó ser uno de los destinos donde más tranquila me he sentido caminando sola, incluso de noche en ciudades pequeñas. Esta ruta de 15 días por Irlanda viajando sola es la que hice yo, con coche de alquiler la segunda mitad del viaje, y que recomendaría sin dudarlo a cualquier chica que quiera lanzarse a su primer gran viaje en solitario por Europa.

Irlanda tiene la ventaja de ser un país pequeño y muy bien conectado, así que en dos semanas se puede combinar ciudad, costa salvaje y algo de vida rural sin sentir que vas todo el rato corriendo. Yo dividí el viaje en tres bloques: Dublín y sus alrededores, la costa oeste (Galway, Cliffs of Moher, Connemara), y el suroeste con el Anillo de Kerry y la Península de Dingle, cerrando el círculo de vuelta a Dublín por Kilkenny.

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La mejor época para esta ruta por Irlanda viajando sola es de mayo a septiembre, y si puedes elegir, apuesta por junio: los días son larguísimos (hasta las diez de la noche hay luz), las temperaturas rondan los 15-18 grados y llueve algo menos que en pleno verano o invierno. Aun así, llevé chubasquero todos los días porque en Irlanda el dicho de que puedes vivir las cuatro estaciones en una misma tarde es literal, no una exageración de guía turística.

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Viajé con esa mochila de cabina como equipaje único y fue clave para moverme sin depender de facturar, sobre todo en los tramos en los que cambié de alojamiento cada dos días por la costa oeste.

Itinerario día a día por Irlanda en 15 días

Días 1-4: Dublín y alrededores

Aterricé en Dublín y me alojé en Temple Bar los dos primeros días, aunque para dormir tranquila recomiendo más bien buscar alojamiento un poco más allá, hacia Portobello o Rathmines, porque Temple Bar de noche se llena de despedidas de soltero y ruido hasta las tantas. El día 1 lo dediqué a pasear por Trinity College, ver el Libro de Kells y perderme por Grafton Street; el día 2 visité el Museo Nacional (gratuito) y el Castillo de Dublín, y por la tarde crucé el río para ver el barrio georgiano de Merrion Square, con sus puertas de colores tan fotografiadas y que a mí me sirvieron para entender por qué a los dublineses les gusta tanto pasear sin rumbo por su propia ciudad. El día 3 fue de excursión a Howth, un pueblo pesquero a 30 minutos en tren de cercanías (DART) desde el centro, con un acantilado costero precioso para caminar sola con total tranquilidad y comer gambas recién pescadas en el puerto. El día 4 hice una excursión organizada a Glendalough y las montañas de Wicklow, muy fácil de reservar desde cualquier hostel y perfecta para quienes viajan solas porque los grupos son pequeños y sueles acabar hablando con el resto. Ese lago encajado entre montañas, con las ruinas del monasterio del siglo VI, es de esos sitios que hacen que entiendas por qué a Irlanda se la llama la isla esmeralda; merece la pena reservar la excursión que incluye tiempo libre para caminar hasta el lago superior, no solo la parada rápida en el inferior que hacen los buses más económicos.

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Días 5-9: Galway, Cliffs of Moher y Connemara

Cogí un bus de la compañía CityLink (unas 3 horas, muy cómodo, wifi a bordo) hasta Galway, mi ciudad favorita de todo el viaje. Me quedé tres noches en el Latin Quarter, con música en vivo en casi cada pub y un ambiente tan acogedor que ninguna noche me sentí incómoda cenando sola en la barra. Galway tiene ese punto bohemio y estudiantil que hace que cualquier plan improvisado (un concierto callejero, una charla con la dueña de una tienda de lana) acabe siendo el mejor recuerdo del día. Desde Galway hice una excursión de un día a los Cliffs of Moher y el Burren, en autobús turístico con parada también en Doolin; los acantilados impresionan más de lo que cualquier foto transmite, y hay tramos de sendero sin vallas por los que hay que caminar con cabeza, sobre todo si hace viento. Dediqué otro día a Connemara y el Parque Nacional de Kylemore Abbey, con paisajes de turberas y lagos que parecen sacados de otro planeta. El último día de este bloque cogí un pequeño ferry a las Islas Aran (Inishmore) y alquilé una bicicleta para recorrer el fuerte de Dún Aonghasa, sobre un acantilado de 100 metros; fue de las experiencias que más recomiendo a quien viaje sola porque la isla es diminuta y segurísima, apenas hay coches y todo el mundo se saluda por el camino.

Días 10-15: Anillo de Kerry, Dingle y vuelta por Kilkenny

Aquí recogí un coche de alquiler en Galway (se conduce por la izquierda, cosa que los primeros kilómetros impone pero se coge el truco rápido) y bajé hacia Killarney, mi base para el Anillo de Kerry. Recorrí el Ring of Kerry en un día completo, parando en Kenmare, Sneem y Ladies View, y al día siguiente hice la Península de Dingle, más pequeña pero para mí incluso más bonita, con Slea Head y sus vistas al océano Atlántico. Pasé una noche en el propio pueblo de Dingle, con sesiones de música tradicional espontáneas en los pubs y un ambiente tan cercano que en la segunda pinta ya me habían invitado a sentarme con un grupo de músicos locales. Antes de dejar la zona, dediqué media mañana al Parque Nacional de Killarney, con las Torc Waterfall y el Muckross House, ideal para caminar un par de horas sin necesidad de coche. De vuelta hacia Dublín paré dos noches en Kilkenny, una ciudad medieval perfecta para cerrar el viaje con calma, con su castillo normando, la catedral de Saint Canice y la ruta de las cervecerías artesanales del centro histórico. El último día devolví el coche en el aeropuerto de Dublín sin contratiempos, con tiempo de sobra para un último té con scones antes del vuelo.

Presupuesto orientativo para 15 días en Irlanda

Irlanda no es un destino barato, sobre todo Dublín, así que conviene tenerlo en cuenta al planificar. Un dormitorio compartido en hostel cuesta entre 25 y 35 euros por noche en Dublín, y entre 20 y 28 euros en el resto del país. Una habitación privada en B&B ronda los 60-80 euros. En comida, un almuerzo sencillo en pub (fish and chips o un stew) sale por 12-16 euros, y una pinta de Guinness entre 5,50 y 7 euros según la ciudad. El coche de alquiler durante seis días, con seguro a todo riesgo, me costó unos 240 euros, más gasolina (la gasolina es cara, cuenta unos 1,70-1,80 euros el litro). Los buses de larga distancia entre ciudades rondan los 15-25 euros por trayecto. Las entradas a atracciones (Libro de Kells, Casa de Guinness, Kylemore Abbey) suman entre 15 y 20 euros cada una, así que si vas a visitar varias merece la pena mirar el pase Heritage Card, que da acceso ilimitado a los sitios gestionados por el Estado durante un año por unos 40 euros. En total, calculando alojamiento, comida, transporte interno, coche de alquiler y entradas, el presupuesto para los 15 días estuvo en torno a los 1.300-1.500 euros, sin contar el vuelo internacional.

Cómo moverte por el país

Para la primera mitad del viaje (Dublín y Galway) usé transporte público sin problema: trenes de Irish Rail entre ciudades grandes y buses de CityLink y Bus Éireann para trayectos más cortos, todos con wifi y muy puntuales para los estándares europeos. Para la segunda mitad, en el suroeste rural, el coche de alquiler es prácticamente imprescindible si quieres tener libertad de horarios, porque el transporte público al Anillo de Kerry y Dingle existe pero con frecuencias muy limitadas fuera de temporada alta. Si no te atrae conducir por la izquierda, existen excursiones organizadas de uno o varios días desde Killarney que cubren las mismas rutas (algunas específicamente pensadas para viajeras solas, con grupos reducidos) y son muy populares entre quienes prefieren no coger el volante en carreteras desconocidas. Un detalle práctico: reserva el coche con antelación y elige una categoría pequeña, porque muchas carreteras rurales son estrechísimas y un coche compacto se maneja mucho mejor en los cruces con setos altos.

Zonas y alojamiento recomendados

En Dublín, busca alojamiento en Portobello, Rathmines o el propio Trinity College/Grafton Street, zonas céntricas, bien iluminadas y con buena vida de cafés. En Galway, el Latin Quarter es la opción obvia por ambiente y cercanía a todo, aunque si buscas algo más tranquilo para dormir, el barrio de Salthill, junto al paseo marítimo, es una alternativa a diez minutos a pie del centro. En Killarney, cualquier B&B cerca del National Park y de la calle principal funciona perfecto como base para el Anillo de Kerry, y en Dingle recomiendo alojarte dentro del propio pueblo para no depender del coche por la noche. Los hostels irlandeses suelen tener muy buena reputación para viajeras solas, con cocinas comunes y salas de estar donde es fácil hacer grupo para cenar o ir de pubs sin sentirte fuera de lugar; el sistema de habitaciones femeninas compartidas está muy extendido y suele costar apenas un par de euros más que el dormitorio mixto.

Viajar sola por Irlanda: seguridad y consejos prácticos

Irlanda está entre los países donde me he sentido más segura viajando sola en toda Europa. El idioma no es barrera (se habla inglés en todas partes), la gente es abierta y hablar con desconocidos en un pub es la norma, no la excepción. Aun así, en Dublín evité pasear sola de madrugada por zonas como el entorno de O'Connell Street pasadas las dos o tres de la mañana, cuando la salida de los locales nocturnos puede generar ambiente algo tenso. En carretera, si conduces, ten en cuenta que muchas rutas rurales son estrechas y de doble sentido con setos altos a los lados, así que conducir de noche por primera vez en esas carreteras puede resultar estresante; yo evité los trayectos rurales después de anochecer. Otro detalle útil: en Irlanda es habitual que los pubs tengan música en directo y ambiente animado hasta tarde, y como viajera sola nunca sentí que llamara la atención por cenar o tomar algo sin compañía, algo que no siempre pasa en otros países.

Con el cambio de tiempo tan repentino y actividades como caminatas por acantilados sin vallas, un seguro de viaje que cubra bien asistencia médica y actividades de senderismo me dio mucha tranquilidad, sobre todo sabiendo que la sanidad privada en Irlanda es cara si no tienes cobertura.

Qué llevar en la maleta

El equipaje para Irlanda tiene que pensarse más en función de la lluvia y el viento que del frío en sí, porque las temperaturas en verano no bajan tanto, pero la humedad constante hace que cualquier prenda que no sea técnica acabe empapada.

  • Chubasquero impermeable de verdad (no cortavientos), porque llueve de forma intermitente casi cualquier día del año.
  • Varias capas de ropa: en Irlanda hace fresco incluso en verano, y el viento en la costa se nota mucho más de lo que esperas.
  • Calzado de trekking impermeable para los acantilados y senderos de Connemara y Dingle.
  • Adaptador de enchufe tipo G (el mismo que en Reino Unido).
  • Una mochila pequeña de día para las excursiones, aparte del equipaje principal.
  • Un forro polar o chaqueta de entretiempo, incluso si viajas en pleno julio, para las noches junto al mar.

Llevé toda mi ropa en la mochila de cabina que mencioné al principio, y agradecí muchísimo no tener que facturar nada al cambiar de alojamiento casi a diario en la costa oeste. Si vas a alquilar coche, aprovecha el maletero para llevar algo más de ropa de abrigo sin penalizar el peso de cabina en el vuelo de ida.

Mi conclusión

Esta ruta de 15 días por Irlanda viajando sola me demostró que no hace falta un destino exótico para tener una gran aventura en solitario: a veces basta con un país pequeño, verde hasta decir basta, con gente hablando contigo en cualquier pub y paisajes de acantilados que te dejan sin palabras. Si tuviera que repetir, me quedaría más tiempo en la Península de Dingle, que fue la sorpresa que menos esperaba y la que más me enamoró. Anímate: Irlanda trata de maravilla a la viajera sola, y quince días dan justo para recorrerla sin agobios y con margen para perderte un poco por el camino. Es, además, un destino perfecto para quien nunca ha viajado sola y le da vértigo dar el paso: el idioma no es una barrera, la gente se acerca a hablar sin que tengas que buscarlo, y cualquier imprevisto (un bus que se retrasa, una lluvia que no escampa) se convierte en anécdota antes de que acabe el día.

Si tienes dudas sobre algún tramo concreto de la ruta, escríbeme; he ayudado a varias amigas a organizar este mismo viaje y siempre surgen las mismas preguntas sobre el coche de alquiler y las carreteras rurales. Lánzate: volverás con la sensación de haber hecho un viaje mucho más grande de lo que cabía en la maleta.

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Redacción de Pasajeras — contenido revisado y actualizado periódicamente.

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