Señales de un taxi o conductor poco fiable

Por Administrador4 min de lecturaActualizado el 28 de agosto de 2026
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Una mujer comprueba la matrícula de un taxi antes de subir en una calle de noche

La mayoría de los taxistas del mundo son gente normal que te lleva de A a B sin ningún drama. Pero después de años cogiendo taxis sola en ciudades que no conocía, he aprendido que hay un puñado de señales que merece la pena revisar antes de subir, no después. No es paranoia: es el mismo tipo de comprobación rápida que haces al cruzar una calle, casi automática una vez que la incorporas.

Antes de subir al coche

Lo primero que miro siempre es la matrícula. Si has pedido el taxi por una app (Cabify, Uber, Bolt, DiDi, Grab, la que toque en ese país), la app te da la matrícula, el modelo y a veces una foto del conductor. Antes de abrir la puerta, compruebo que los tres coinciden. Si el coche que para no lleva esa matrícula, no subo, aunque el conductor insista en que «es el mismo, es que la app se ha confundido». Esa frase, de hecho, es una señal en sí misma.

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En taxis de calle sin app, busco el distintivo oficial: número de licencia visible, taxímetro homologado, y en muchos países una identificación del conductor con foto pegada al salpicadero. Si el coche no tiene nada de eso, o lo que tiene está tapado con una revista o un pañuelo «por casualidad», prefiero esperar al siguiente.

También me fijo en si el conductor sabe, sin que yo se lo repita, adónde voy. Suena raro, pero en las apps el destino ya está cargado antes de que subas. Si el conductor te pregunta «¿y adónde vamos?» como si no tuviera ni idea, puede ser simple despiste, pero combinado con otras señales es un dato más a sumar.

Durante el trayecto

Una vez dentro, la señal más clara es el taxímetro. Si no lo ha puesto en marcha y no ha pactado un precio cerrado contigo antes de arrancar, dilo en voz alta: «¿puede poner el taxímetro, por favor?». Un conductor honesto lo hace sin protestar. Uno que intenta cobrarte de más suele poner alguna excusa: que está roto, que hoy se cobra tarifa fija, que por la zona a la que vas es más caro. Ninguna de esas excusas te obliga a aceptar sin más: puedes bajarte en el siguiente semáforo si el trayecto aún no ha empezado en serio.

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Sigo la ruta en mi propio móvil con el GPS activado, aunque no sea yo quien conduce. No es que espere que me secuestren, es mucho más aburrido que eso: la mayoría de los desvíos raros son para inflar el precio dando una vuelta más larga. Si veo que nos desviamos claramente de la ruta que marca el mapa, pregunto por qué, sin agresividad: «veo que vamos por aquí, ¿hay tráfico en la otra calle?». Un conductor legítimo te lo explica sin problema; el otro se pone tenso o cambia de tema.

Otra señal que me hace estar más alerta es que el conductor bloquee los seguros de las puertas traseras nada más arrancar, sobre todo si lo hace de forma que tú notas el clic. En algunos coches es simplemente el seguro para niños que viene activado de fábrica, pero si además el conductor evita hacer contacto visual por el retrovisor, habla por teléfono todo el rato con alguien en voz baja, o mete a un «compañero» sin avisarte antes de subir, esas son las combinaciones que de verdad me hacen pedirle que pare.

Qué hacer si algo no encaja

Si algo no me cuadra, no espero a tener la prueba definitiva: actúo con la primera señal razonable. Puedo decir en voz alta y con normalidad «voy a compartir la ubicación con una amiga, un segundo» y realmente enviar mi ubicación en directo por WhatsApp a alguien. El simple hecho de decirlo cambia la actitud de cualquier conductor con malas intenciones, porque deja de ser un trayecto anónimo.

Si el trayecto se complica de verdad —el conductor se niega a parar cuando se lo pides, o el coche gira hacia una zona que no tiene nada que ver con tu destino—, mi prioridad deja de ser la educación. Alzo la voz, le digo que pare inmediatamente, y si hace falta, marco el número de emergencias del país sin colgar, aunque solo sea para que el conductor vea que lo estoy haciendo. En muchas ciudades grandes, además, puedes usar el botón de emergencia integrado en la propia app de VTC, que comparte tu ubicación en tiempo real con su central de seguridad.

Después de cualquier trayecto que me haya dejado mal cuerpo, aunque no haya pasado nada grave, dejo una valoración baja y detallada en la app y, si el taxi era de calle, apunto la matrícula y la hora en las notas del móvil. No es por rencor: es información que puede servirte a ti o a otra viajera la próxima vez que alguien pregunte en un grupo de viajeras sobre esa ciudad.

Con el tiempo, estas comprobaciones dejan de sentirse como un protocolo de seguridad y se convierten en un hábito tan automático como ponerte el cinturón. La inmensa mayoría de tus trayectos en taxi transcurrirán sin ningún incidente, pero llevar esta lista mental te permite relajarte en el resto del viaje precisamente porque ya has hecho los deberes en la parte que sí controlas.

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Redacción de Pasajeras — contenido revisado y actualizado periódicamente.

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