Qué hacer si alguien te sigue por la calle

Por Administrador4 min de lecturaActualizado el 28 de agosto de 2026
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Una mujer mira por encima del hombro mientras camina rápido por una acera concurrida

Nunca me ha pasado en una novela negra ni en un callejón de película, siempre ha sido en situaciones aburridas y cotidianas: un hombre que cambia de acera cuando cambias tú, una moto que reduce la velocidad al mismo ritmo que tu paso, pasos detrás de ti que no se alejan cuando aceleras. La sensación de que te siguen es rara vez ambigua del todo; el problema es que muchas nos hemos entrenado para dudar de esa sensación en vez de actuar sobre ella.

Primero: confía en la sensación, no la analices en exceso

Lo primero que quiero decirte, y lo digo porque a mí me costó años aprenderlo, es que no necesitas estar cien por cien segura de que te siguen para empezar a actuar. Si tu cuerpo ya está en alerta —el pulso, la tensión en los hombros, esa vocecita que dice «esto no me gusta»— eso es información suficiente. No hace falta esperar a confirmar nada para tomar medidas; las medidas iniciales son baratas y reversibles, así que el coste de equivocarte es mínimo comparado con el de ignorar la señal.

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Una forma rápida y discreta de comprobarlo sin darte la vuelta de forma evidente es usar el reflejo de un escaparate, la pantalla oscura del móvil o el cristal de una puerta para mirar qué pasa detrás de ti mientras sigues caminando con normalidad. Otra opción es cambiar de acera de forma natural, como si fuera casual, y observar si esa persona hace lo mismo un poco después. Si la respuesta es sí, ya tienes tu confirmación y toca pasar a la acción.

Qué hacer, en orden

Lo primero: dirígete al lugar abierto más cercano con gente dentro, no hacia tu alojamiento ni hacia una calle tranquila pensando que allí estarás «a salvo» porque es tu destino. Un bar, una tienda veinticuatro horas, la recepción de un hotel, incluso una farmacia con luces encendidas. El objetivo no es despistar a la persona en una persecución de película, es ponerte en un contexto con testigos y personal que pueda intervenir si hace falta.

Una vez dentro, cuenta lo que está pasando a quien esté al mando del local, sin dramatizar pero con claridad: «creo que un hombre me está siguiendo desde hace varias calles, ¿puedo quedarme aquí un momento?». La mayoría de dependientes, camareros o recepcionistas reaccionan bien a esto, y muchos se ofrecen a acompañarte a la salida o a llamarte un taxi desde dentro del propio local, que es exactamente lo que necesitas.

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Si no hay ningún local abierto cerca, llama en voz alta y visible a alguien —da igual si contesta o no, el simple hecho de que parezca que estás hablando con alguien reduce el atractivo de la situación para quien te sigue— y camina directamente hacia la zona más iluminada y transitada que conozcas, aunque no sea el camino más corto a casa. Si tienes activada una función de emergencia en el móvil (muchos smartphones la tienen integrada de fábrica), este es exactamente el momento de usarla, compartiendo ubicación en tiempo real con un contacto de confianza.

Solo como último recurso, si sientes peligro inminente y no hay ningún establecimiento ni persona cerca, llama directamente al número de emergencias del país donde estés. Llevar ese número guardado y accesible antes de salir de viaje —no buscarlo en ese momento— es una de esas cosas aburridas de las que hablo siempre y que se vuelven vitales exactamente cuando menos capacidad tienes de buscarlas con calma.

Lo que no ayuda, aunque el instinto lo pida

Correr a ciegas por calles que no conoces suele ser peor idea de lo que parece, porque puedes acabar en un callejón sin salida o en una zona todavía más solitaria que la que intentabas dejar atrás. Es mejor caminar rápido pero con destino claro —un sitio concreto que ya conoces o ves desde donde estás— que salir corriendo sin rumbo solo por la descarga de adrenalina.

Tampoco ayuda quedarte parada intentando decidir qué hacer en mitad de la calle, dudando entre opciones durante varios minutos. La indecisión es el único momento en el que de verdad pierdes ventaja, porque mientras tú deliberas, la otra persona sigue acercándose. Mejor tomar una decisión razonable rápido —normalmente, entrar en el local abierto más cercano— que buscar la decisión perfecta parada en mitad de la acera.

Y una última cosa que quiero dejar clara: nunca es tu responsabilidad haber estado en esa calle, a esa hora, con esa ropa. Sentir que te siguen y actuar para ponerte a salvo no necesita ninguna justificación adicional, ni disculpas hacia quien te sigue ni hacia quien te ve entrar corriendo en una tienda. Tu única tarea en ese momento es llegar a un sitio seguro; todo lo demás, incluida la vergüenza de haber exagerado si al final no era nada, se puede procesar después, ya tranquila.

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Redacción de Pasajeras — contenido revisado y actualizado periódicamente.

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