¿Es seguro hacer autostop siendo mujer y viajando sola?

Por PASAJERAS VIAJERAS3 min de lecturaActualizado el 28 de agosto de 2026
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Mujer con mochila haciendo autostop en el arcén de una carretera rural

Cada vez que cuento que he hecho autostop sola en Islandia o en el sur de Francia, la reacción se divide en dos bandos: quien me dice que estoy loca y quien lo idealiza como la aventura definitiva. La verdad está en un punto mucho más aburrido y mucho más útil: depende del país, de la carretera concreta, de la hora del día y de ti ese día en particular.

La respuesta corta: depende de dónde, cuándo y de ti

No es lo mismo hacer autostop en una carretera secundaria de Nueva Zelanda a media mañana, donde es una práctica local normalizada y hasta los propios neozelandeses lo hacen, que intentarlo de noche en la salida de una ciudad grande en un país que no conoces. El contexto cultural importa tanto o más que tus propias precauciones.

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Pregúntate también en qué estado emocional estás tomando la decisión. Si llevas dos días sin dormir bien, si estás desesperada por llegar a un sitio o si simplemente quieres ahorrarte unos euros de autobús, ese no es el momento de subir a un coche desconocido. El autostop bien hecho nace de la curiosidad y la paciencia, no de la urgencia.

Informarte antes ayuda más que cualquier instinto sobre la marcha. Pregunta en el alojamiento, en foros de viajeras o en grupos locales si esa zona tiene fama de ser segura para hacer autostop y qué tramos evitar. La gente que vive allí suele saber exactamente qué carreteras tienen mala reputación y cuáles son rutina para cualquier mochilero.

Las reglas que sigo si decido subir a un coche

Nunca subo a un coche con más de un ocupante si voy sola, salvo que sea claramente una familia con niños o una pareja mayor. La estadística no es una ciencia exacta, pero reducir variables reduce riesgo, y dos o tres hombres desconocidos en un coche es una variable que prefiero no asumir.

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Antes de subir, mando la matrícula y una foto del coche por WhatsApp a alguien de confianza, en el propio grupo donde ya hago check-in diario. Lo digo en voz alta delante del conductor, sin agresividad, como quien comenta el tiempo: «le mando la matrícula a mi hermana, así lo hacemos siempre». La reacción de la persona a ese comentario me dice mucho.

Me siento siempre detrás si el coche tiene cuatro puertas, nunca de copiloto. Da más margen para salir del coche rápido si algo se tuerce, y de paso quita la sensación de cercanía forzada de estar codo con codo con un desconocido durante horas.

Confío en el instinto durante los primeros treinta segundos de conversación. Si algo no me cuadra en el tono, en las preguntas que hace o en cómo mira, invento una excusa (una llamada que tengo que hacer, que he cambiado de planes) y dejo pasar ese coche. No hace falta justificarse ni ser amable a toda costa con un desconocido.

Decir que no también es una opción perfectamente válida

El autostop tiene fama de aventura auténtica y barata, y esa presión de «para ser una viajera de verdad tienes que hacerlo» es precisamente la que hay que ignorar. No pasa nada por coger el autobús local, el blablacar con perfil verificado o un taxi compartido si eso es lo que te da tranquilidad ese día.

Blablacar y plataformas similares son un término medio interesante: mantienen el espíritu de compartir coche y conocer gente, pero con perfiles, valoraciones de otros usuarios y algo de trazabilidad que el autostop puro no ofrece. Para muchas rutas es la opción que combina economía con una capa extra de seguridad.

Al final, la pregunta no es si el autostop es seguro en abstracto, porque no lo es ni más ni menos que subirte a un taxi sin licencia o caminar sola de noche: la pregunta es si tú, con la información que tienes de ese lugar concreto, te sientes cómoda asumiendo ese margen de incertidumbre. Si la respuesta es no, no necesitas ninguna otra razón.

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Redacción de Pasajeras — contenido revisado y actualizado periódicamente.

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