Cómo gestionar la menstruación viajando por el sudeste asiático

Por PASAJERAS VIAJERAS4 min de lecturaActualizado el 28 de agosto de 2026
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Mujer viajera preparando su neceser de higiene íntima junto a la mochila antes de salir de ruta

La primera vez que me bajó la regla en Chiang Mai entendí dos cosas: que había traído la mitad de tampones que necesitaba, y que en la farmacia de la esquina solo vendían compresas finísimas con alas que parecían de otra década. Nadie me lo había explicado antes de subir al avión, así que aquí va la guía que me hubiera gustado leer.

Lo primero es asumir que el sudeste asiático no es territorio tampón. En Tailandia, Vietnam, Camboya, Laos o Indonesia la cultura de la compresa manda con fuerza; el tampón existe, pero suele estar limitado a supermercados grandes de las zonas turísticas o farmacias tipo Watsons y Guardian en las capitales. Fuera de Bangkok, Hanói, Phnom Penh o Bali, la búsqueda se complica bastante.

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Por eso la recomendación número uno es simple: lleva de casa lo que sueles usar durante todo el viaje, o al menos para el primer ciclo, y compra el resto sobre la marcha en las ciudades grandes en cuanto tengas ocasión. Los tampones ocupan poco si eliges los que vienen sin aplicador o con aplicador de cartón comprimido, así que no es tan descabellado meter una caja entera en el fondo de la mochila.

La copa menstrual, tu mejor aliada en clima húmedo

Si todavía no usas copa menstrual, un viaje largo por el sudeste asiático es la excusa perfecta para probarla antes de salir, nunca durante el primer uso en ruta. Una vez que le coges el truco, resuelve el problema de raíz: no necesitas encontrar producto en cada ciudad, aguanta hasta doce horas y en climas con calor y sudor constante es infinitamente más cómoda que una compresa pegada a la piel.

El único inconveniente real es el lavado en baños sin intimidad. En muchos hostels y templos los baños son compartidos y sin puerta en las duchas, así que llévate una botella pequeña reutilizable con agua para enjuagar la copa dentro del cubículo del váter en vez de tener que salir hasta el lavabo común. También existen toallitas específicas para copa menstrual que no necesitan agua, muy útiles en autobuses de larga distancia o en excursiones a islas.

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Otra opción intermedia que me ha salvado más de un trayecto en barco por Filipinas o Indonesia son las bragas menstruales. Absorben sin necesidad de cambio inmediato, se lavan con agua y jabón como cualquier ropa interior y en climas donde tender la ropa al sol es rápido, se secan en pocas horas.

Calor, humedad y baños turcos: el día a día

El calor cambia las reglas del juego, nunca mejor dicho. Con humedad constante, una compresa dura mucho menos tiempo cómoda que en casa, así que si usas compresas cámbialas con más frecuencia de la habitual, cada tres o cuatro horas, para evitar irritación e infecciones. Lleva siempre un par de bragas de recambio y una bolsa de tela o hermética para la ropa manchada, porque no siempre hay dónde lavarla al momento.

Los baños turcos o de agujero, muy comunes en zonas rurales de Vietnam, Laos o Camboya, no tienen papel ni papelera visible casi nunca; llévate siempre papel higiénico o toallitas propias en la mochila de mano, junto con gel hidroalcohólico, porque no vas a poder confiar en que el baño del templo o de la estación de autobuses tenga lo básico.

El dolor menstrual también se vive distinto con cuarenta grados y un dormitorio compartido de ocho personas. Antifaz, tapones para los oídos y un ibuprofeno de tu marca de confianza en la mochila de mano te van a salvar más de una noche mala en un hostel con aire acondicionado que suena como un tractor. Si sueles tener dolores fuertes, una bolsa de agua caliente no es viable, pero una botella de agua rellenada con agua caliente del hervidor de la cocina común del hostel cumple la misma función.

Dónde comprar y qué pedir si se te acaba todo

En las ciudades grandes, pide sin miedo en las cadenas de farmacia como Watsons, Guardian o Boots, presentes en casi toda la región; suelen tener personal que habla algo de inglés y un pasillo entero de higiene femenina. En 7-Eleven, omnipresente en Tailandia, también encontrarás compresas básicas y algún tampón de marca local a cualquier hora del día.

Si te ves en un pueblo pequeño sin nada parecido a una farmacia, los minimarkets familiares suelen tener al menos compresas; señala la zona íntima con gestos o muestra una foto en el móvil, es más habitual de lo que parece y nadie se va a extrañar. Aprender la palabra local para compresa antes de salir de la ciudad, aunque sea escrita en el móvil, ahorra minutos incómodos de mímica.

Por último, no subestimes el poder de un botiquín menstrual pequeño y siempre a mano: compresas o tampones para dos días, una braga de recambio, toallitas íntimas, analgésico y una bolsa hermética, todo en un neceser aparte que puedas sacar rápido sin vaciar la mochila entera en medio de una terminal de autobuses. Ese pequeño gesto de organización es el que de verdad marca la diferencia entre un mal rato y un problema serio en mitad de un trayecto de doce horas.

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Redacción de Pasajeras — contenido revisado y actualizado periódicamente.

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