Cómo elegir un taxi o VTC seguro en otro país

Por PASAJERAS VIAJERAS4 min de lecturaActualizado el 28 de agosto de 2026
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Fila de taxis oficiales esperando en una parada señalizada frente a la terminal de un aeropuerto

Elegir bien el taxi antes de subir te ahorra el noventa por ciento de los problemas que luego intentas resolver dentro del coche. Cada país tiene su propia cultura del taxi, y lo que funciona en Madrid no sirve igual en Hanói o en Ciudad de México, así que mi estrategia siempre empieza por informarme de las opciones locales antes de llegar, no por improvisar en la puerta del aeropuerto con el jet lag recién aterrizado.

La app local, primera opción siempre que exista

Antes de viajar, busco qué app de VTC o taxi funciona en ese país concreto: Uber y Cabify cubren buena parte de Europa y Latinoamérica, pero en el sudeste asiático la que manda es Grab, en México y varias ciudades asiáticas DiDi, en Oriente Medio Careem, y en la India tanto Uber como Ola conviven con fuerza. La instalo y me registro con antelación, con wifi y sin prisa, en vez de intentar hacerlo con datos de roaming caros y batería baja nada más aterrizar.

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La ventaja de estas apps no es solo la comodidad: es que el precio queda fijado antes de subir, la matrícula y el conductor están identificados, la ruta queda registrada por GPS, y en la mayoría existe un botón de emergencia que avisa a su central de seguridad. Todo eso reduce drásticamente el margen para que alguien te cobre de más o se desvíe de la ruta sin que quede constancia de nada.

Cuando el país no tiene ninguna app fiable o el wifi del aeropuerto falla justo cuando más lo necesitas, mi segunda opción es siempre pedir el taxi a través de la recepción del hotel, aunque acabe de llegar y aún no me haya registrado. La mayoría de los hoteles trabajan con una empresa de confianza y, si pasa cualquier cosa, hay un nombre y un teléfono concretos a los que reclamar, algo que no existe si paras un coche al azar en la calle.

En el aeropuerto y las estaciones

Los aeropuertos suelen tener una parada de taxis oficial señalizada, a menudo con un mostrador de reservas antes de la propia fila, donde te asignan un coche numerado y a veces incluso te dan un resguardo con el precio ya fijado hasta tu destino. Es la opción que elijo siempre por encima de aceptar a cualquiera de los hombres que, nada más salir de la zona de llegadas, te abordan ofreciéndote «taxi, taxi, buen precio» antes de que hayas podido ni mirar el panel de información.

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Si el país no tiene taxímetro o la costumbre es negociar el precio antes de subir —algo habitual en buena parte del norte de África, Oriente Medio o el sudeste asiático—, pregunto el precio a dos o tres conductores distintos antes de aceptar el primero, y si puedo, confirmo antes con el personal del hotel o del aeropuerto cuál es el precio razonable para ese trayecto. Tener una cifra de referencia en la cabeza antes de negociar cambia completamente la conversación.

En estaciones de tren o autobús, sobre todo en ciudades grandes y turísticas, desconfío especialmente de quien se acerca a ofrecerte el taxi antes de que tú lo busques: en Roma, en Estambul o en Marrakech, los conductores que se acercan a la salida de la estación en vez de esperar en la fila oficial suelen ser precisamente los que después inflan el precio o cobran «suplementos» inventados sobre la marcha.

Trucos que aplico en cualquier país

Antes de subir, si el precio no está fijado por app o por resguardo, lo confirmo en voz alta y, si puedo, por escrito o por mensaje: escribo el destino y el precio acordado en las notas del móvil y se lo enseño al conductor para evitar cualquier «malentendido» sobre lo pactado al llegar. Es un gesto pequeño que en varios idiomas distintos he visto que funciona igual de bien, porque deja claro desde el principio que llevas el control de los números.

Me siento siempre detrás, nunca de copiloto, algo que en algunos países se considera simplemente prudente y en otros directamente lo esperado de cualquier pasajera que viaja sola, y evito quedarme dormida en trayectos largos con conductores que no conozco de una app verificada. Llevar el móvil con batería suficiente y la ubicación compartida activada durante el trayecto es el último paso, y el más sencillo, que aplico siempre, sea cual sea el país.

Por último, guardo el contacto de al menos una empresa de radiotaxi local de confianza antes de llegar al destino, buscándolo en foros de viajeras o preguntando directamente al alojamiento por WhatsApp antes de la llegada. Tener ese número guardado te libra de depender de la suerte del momento si aterrizas de madrugada, sin wifi y con la app de turno dando problemas justo el día que más la necesitas.

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Redacción de Pasajeras — contenido revisado y actualizado periódicamente.

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